
Todos los padres del mundo quieren lo mejor
para sus hijos (casi todos) Son nuestro bien más preciado…pero no todos los
hijos lo saben.
Generalmente cuando educamos, creemos estar
haciendo algo concreto. Charlar y escuchar, corregir y regañar, reforzar y
motivar son algunas de las tareas que nos proponemos y que normalmente llegamos
hacer de forma prácticamente automática.
Se nos puede llegar a olvidar que educamos
SIEMPRE, no hacemos de padres en determinados momentos. Somos padres, nos ven
como padres y debemos sacarle partido a esa ventaja tan maravillosa: nos
quieren y aprecian, nos valoran. Desde la ADMIRACIÓN, despertamos un liderazgo
eficaz, siguen nuestra huella porque mientras son pequeños, normalmente,
quieren ser como nosotros. Es el buen ejemplo por tanto el mayor de los
maestros.
Grandes dosis de AMOR, de INSPIRACIÓN y de
DESEOS hacen falta para tener un buen campo de trabajo y no tantas otras cosas
como a veces llegamos a pensar.
Si de las 4 horas diarias que compartes con tu
hijo, (suponiendo que tengas esa suerte, de lunes a viernes a veces es bastante
menos) 3 te las pasas hablando de las notas y de los deberes, es fácil que
llegue a la conclusión de que lo que más te importa en el mundo es eso. Sin
embargo, sabemos que la Felicidad y el éxito en la Vida tienen mucho más que
ver con los valores interiores y fortalezas de las personas que con cualquier
otra cosa.
Si educamos solo a base de premios y castigos,
estaremos educando en la apariencia, en las conductas. El niño aprenderá a
comportarse bien o mal según le convenga, solo si el premio supera al esfuerzo
y compromiso requerido, hará un balance superficial.
Eduquemos entre todos el corazón. Ahondando en
la profundidad de lo bueno y de lo malo, de lo bello y de lo feo, de la
verdadero y de lo falso, de lo fugaz y lo perenne. Empieza diciéndole hoy a tu
hijo cuanto lo quieres y como ese Amor no depende de nada que él haga o consiga.
Es un Amor total, completo y gratuito, destinado a hacerle bien y a crecer.
Después viene todo lo demás…
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